Hacía tiempo que tenía este tema en mente. La famosa crisis de "los 40", que muchos pacientes de entre 35 y 45 años llegan postulando como su problema.
Esta semana ví otros dos. De ahí el post.
Por lo general, no son como la crisis que
Patton & Cia nos describen en su
canción, relacionadaas sólo con las delicias de la vida conyugal y doméstica, sino más vastas, más "existenciales".
De partida, quiero decir que nada hay en nuestro cerebro que nos haga pasarlo mal a esta edad. No es
la edad; más bien, no es la cronología, exactamente, sino el hecho de estar a medio camino de la vida, inicindo "el segundo tiempo", con etapas que se cierran y la certeza de que nos queda menos tiempo.
Memento mori, nos recuera alguien desde la antigüedad; recuerda que has de morir. Advertir de pronto
que el tiempo es muy poco, como nos dice
Andrés Calamaro en
El Loco. Que envejecemos, pues. Que ya no somos los mismos, que nos cansamos antes de tiempo, que vemos menos, que nos arrugamos y encanecemos.
Hay un sufrimiento grande en esto de pelear contra lo inevitable, es una guerra perdida de antemano. Muchas mujeres -y algunos caballeros, también ahora último - saben de lo que hablo.
¿En qué quedaron los sueños,
mis sueños? ¿Cuál es el sentido de mi vida? Ese es, me parece, uno de los desafíos más importantes: darle sentido a este suceder cotidiano.
Por mi parte, les quiero decir que he descubierto que
la vida empieza a los cuarenta. Perdónenme mis lectores jóvenes. Igual lo pasé mal, por cierto. Tal vez ese descenso al infierno es necesario para alcanzar la paz; no lo sé. He visto algunos que se quedan pegados, y "viven" vidas amargas que hacen amargas la de otros.
Aceptación, aceptación. Y pararse desde ahí, después, a ver qué posibilidades nos da la vida.
Un poema, por supuesto, para terminar. De uno que ha aceptado y mira en paz su presente.
LO QUE VALE UNA VIDA
Estoy en esa edad en la que un hombre quiere
por encima de todo ser feliz, cada día.
Y al júbilo prefiere la callada alegría
y a la pasión que mata, la renuncia que hiere.
.
Vivir entre las cosas, mientras que el tiempo pasa
-cada vez menos tiempo para las mismas cosas-
y elegir las que valen una vida: las rosas
y los libros de versos, y el viaje y la casa.
.
Hasta ahora he vivido perdido en el mañana
-seré, seré, decía- o en el pasado -he sido
o pude ser, pensaba -y el mundo se me iba.
.
Ahora estoy en la edad en la que una ventana
es cualquier aventura, y un regalo el olvido.
Ya no quiero más luz que tu luz mientras viva.
.
Vale.