miércoles, abril 27, 2011

Las Palabras y las Cosas

Hay investigadores e investigadores. Aquí una muestra de lo que hace uno bueno, curioso, inteligente, quizá obsesivo; creativo, de todos modos.
Al video original lo presentan con el título de "El nacimiento de una palabra", y lo es: hay una edición del audio de la serie de ruiditos que hace el bebé, desde sus primeros balbuceos (guu) hasta que sale "agua" (water). Pero hay más, aquí: hay el observar cómo el lenguaje (una palabra, por ahora; un "nombre") está anclado a la coordinación de acciones, al baile, para decirlo mejor, de las personas y los espacios, al acoplamiento entre el mundo y la gente. Y después, (una intución genial de uno de los colegas del dueño de casa) una muestra del surgimiento de redes alrededor de las palabras dichas por alguien.
Es muy bonito.
Miren:

jueves, marzo 31, 2011

Emprendimiento, emprendimiento, emprendimiento, emprendimiento...

Cuando chico descubrí, como tantos, que si repetía una palabra con cierta cadencia y con un cierto balanceo de mi cuerpo, de pronto sentía algo indefinble que surgía junto con el repentino vaciarse de significado la palabra. Recuerdo haberle enseñado el procedimiento con pasión a mis amigos (¿el despertar de mi vocación?), y lo hacíamos entre varios, y de repente nos estábamos riendo y comentábamos algo así como "qué raro". Ya no lo puedo hacer, o muy rara vez. Las veces que he sentido algo parecido ha sido cuando he logrado meditar por algún rato. Bueno: ¿a título de qué?
En el colectivo de ayer en la mañana (salí tarde y no pude hacer la grata caminata a la oficina) me enteré que la vecina de atrás se gana la vida haciendo talleres de emprendimiento. Quiebre: me di cuenta que la palabra la habían dicho a lo menos tres de mis pacientes de esta semana. Tuve tiempo de escuchar la conversación narrativa de la vecina con el otro pasajero, vecino también; esa clase de conversaciones para las que no tengo gran talento ni afición ("yo le dije, y ella dijo y entonces le dije y me dijo", etc). Advertí que no escuchaba bien, que por momentos era un diálogo de sordos en que cada uno creía responder al otro pero que en realidad la conversa estaba plagada de malos entendidos (believe me: es mi opinión, pero soy bueno escuchando -otra opinión fundada). Me pregunté qué emprendimiento enseñaría alguien que ni siquiera escuchaba bien y que trasuntaba un sentido común metafísico y realista ingenuo. Le iba bien, comentó, y contó alguna de sus últimas adquisiciones -que ya me la quisera yo. Recordé los emprendimientos de mis pacientes. Cada uno de ellos sostenía con sinceridad y convicción que sus acciones en cierto dominio eran emprendimientos, y lo eran, claro, pero sus acciones las juzgué intrascendentes o inadecuadas o sin espíritu o incapaces de hacerse cargo de las inquietudes profundas que yo era capaz de "escuchar" al acompañarlos.
Está de moda la palabra emprendimiento, y como muchas así, pronto terminarán no significando demasiado más que "esto me gusta" -vaciándose de contenido. O significando cosas muy distintas para cada uno. Como lo mostraba el post Desenmascarando al emprendedor, este énfasis en hacer de todos ciudadanos emprendedores, puede ser una nada inocente manipulacion de "la Matrix", y los entusiastas emprendedores nada más que peones de un juego que ignoran. En la Plataforma hemos declarado nuestro afán en el desarrollo de un emprendimiento integral. Lo que queremos significar está desperdigado en este blog, en nuestras conversaciones, en nuestro empeño personal y colectivo. La palabra podrá gustar y no es impensable verla un día repetida hasta la saciedad y significando otra nada o un gusto personal. Pero es inevitable: emprender es un juicio, y como tal, sus estándares serán zona de disputa.
Podrás bailar, como dice Clau en su reciente post, dirigir una empresa, conversar, hacer ramos de flores, incluso descansar, y en cada una de esas empresas podrás emprender integralmente -o no hacerlo. Porque la diferencia tiene que ver con el habitante que queremos encarnar y promover: uno que está depierto, conciente de su pequeñez y de su poder, al servicio de todos en tanto al servicio del sueño compartido de un mundo más sano.
Desde ahí, emprender adquiere un sentido vital para nosotros: no tiene que ver (solo) con armar negocios, empresas, emprendimientos. Es lo que surge naturalmente de uno que camina despierto y en compañía de sus pró(j)imos. Que se respeta y se cuida tanto como respeta y cuida a sus semejantes y a su terruño -ese pedacito de planeta que habita y que lo sustenta.

*          *           *

Es mi primer post en más de tres años, y lo escribí para otro sitio (el blog de Plataforma Áurea). Como le contaba a mis amigos de ICB ELALPA, participo también de otras conversaciones, además de la de la salud. Pero cuando vemos a la salud de un modo más holístico, descubrimos que tiene que ver con nuestro modo de habitar, de modo que ningún ámbito de lo humano le es ajeno. Y como advirtió Annie Gutierrez, mi amiga psicóloga, emprender también es estar abierto a las oportunidades que hay en el presente: es una invitación a dejar de pre-ocuparnos (estar en la mente) para estar en el mundo. Y el mundo es un regalo, si queremos mirarlo así. Y si sí, entonces es bueno también dar algo a cambio: ¡Hazlo ya! (gracias Aldo).


lunes, diciembre 24, 2007

La Navidad

Jodorowsky escribió un libro (Evangelios para sanar), en los que revisa lo que llama el mito fundacional de nuestra cultura, desde el punto de vista del artista -de su punto de vista, en realidad. Y arremete con el evangelio como con un cuento, un cuento bello y perfecto. Y tal como lo anuncia, es capaz de revelarnos, si ello es posible, su belleza con una mirada nueva.
No ha sido el único. Hay algunos que se han dejado cautivar por Jesús desde la belleza de su historia. C.S. Lewis, por ejemplo; este servidor que los latea de vez en cuando (y a través de las páginas de autores tan diversos como Lewis, el cura Valente en alguno de su versos afortunados, San Juan de la Cruz y otros) y también de este que les presento ahora: Giovanni Papini, otro que cayó de pura belleza.
La Navidad, el nacimiento de un Dios encarnado, es quizá la historia donde la magia es más bella y más loca que en ningún otro cuento. Cómo no sentir esperanza al contemplarla. Como no salir a dar gracias por la vida, por la belleza de esta creación, por este Dios que caminó por nuestros caminos.
Un beso a todos.
Feliz Navidad.

carlos.

p.s.: Los Soliloquios de Belén, de Papini. Léanlo en Familia.

miércoles, noviembre 28, 2007

La vida mágica (ay, sí)

Estaba medio depresivo, juzgaron algunos, por mi larga ausencia de postear y de visitar a mis (ciber)amigos. Cansancio vulgar, nada más (con música, si quieren), les digo. Algunos, con pretensiones de fundar su opinión, señalaban los posts anteriores.

Los vaivenes de la vida y la profesión.

Ayer he tenido un día fenomenal. Y la semana pasada, otro. Este de la semana pasada fue trabajando en la consulta. En la mañana del miércoles me encontré celebrando la vida, la transformación, la salud, la libertad junto a tres de mis pacientes. E iniciando, a la vez, nuestra ya próxima despedida. Una vez les comenté esto de que la salud no se explica sino que se celebra. Se agradece. Y cuando se trata de mis pacientes, pues, qué les digo: Quedo más feliz que los monos.

Eso. La mañana estaba luminosa, claro el aire, lindos mis pacientes. Hasta yo debo haber estado lindo.

* * *

El disco Canción del Sur, se abre con la canción La Vida Mágica, Ay Sí, que es una especie de cueca psicodélica. Recuerdo una época en que poner el disco a la hora de despertar era todo un rito para mí. El día empezaba muy bien; yo, como avión.

Hagan la prueba.

Vale.

miércoles, septiembre 05, 2007

La Poderosa Muerte II

En una escena de "El Señor de los Anillos", el rey Theodan llora frente al cuerpo de su hijo y clama porque un padre no debe enterrar a su hijo, porque no hay dolor más grande, porque no hay situación más indebida. Se me encongió el corazón, recuerdo, y pensé en mis hijos, y algo así como una oración le dije a Dios antes que cambiara la escena.

* * *

Me encuentro con M. El fin de semana ha enterrado a su hijo de 19 años. La embarga una extraña serenidad, más allá del dolor. Ha querido ir con él; a cuidarle, imagino; a hacerle compañía, a caminar con él por unos prados infinitos. Pero se ha quedado. Otros hijos están aquí, y una madre es una madre es una madre.

Encontré esto en la red. Visítenlo.


Un poema, para terminar. Uno de los Sonetos de la Muerte de Gabriela.

Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
y que hemos de soñar sobre la misma almohada.

Te acostaré en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de niño dolorido.

Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,
y en la azulada y leve polvareda de luna,
los despojos livianos irán quedando presos.

Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,
¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna
bajará a disputarme tu puñado de huesos!


Vale.

jueves, agosto 30, 2007

La Poderosa Muerte

Conocí a Andrea, y a su madre. Hacía unas semanas que no sabía de ella; por entonces estaba bien, aún, enamorada y, parecía, feliz de estar viva.
No se qué pasó estas últimas semanas; lo obvio es que no me visitó: que nuestra relación no alcanzó a ser estrecha, sólida, de ayuda. Que no pude ayudarla.


La poderosa muerte.
Silencio.

Preguntas, tantas preguntas.
Silencio.


Rezo por vos, Andrea. Por tu madre. Por nosotros, los que nos quedamos aquí, todavía.

jueves, junio 28, 2007

La pena buena

Depresión y pena no es lo mismo. Sentir pena no es una anomalía; sólo es señal de que hemos perdido algo (o a alguien) que nos es valioso. Está bien sentir pena; y si siento mucha pena es porque amo (o amaba) mucho lo perdido. La intensidad de esa pena es proporcional a la intensidad de ese afecto, cariño o amor. Ni más ni menos. Honrar nuestra pena es un modo de honrar también la memoria de aquel o aquello que hemos perdido. Y nos puede movilizar a su búsqueda y recuperación, después.
Llorar puede ser inútil, pero también son "inútiles" otras bellezas. Está bien llorar: tampoco es una anomalía. Puede ser el modo de expresar esa pena que nos inunda.

Tal vez ni siquiera estar deprimido sea una anomalía. O no siempre. Puede que sea así como las estaciones del año, le decía una vez a un amigo: no es anómalo el invierno y correcto el verano. La armonía estará en el vaivén.
Eso.

Estoy equilibrando el post anterior: a veces la pena es buena, y nos trae algún aprendizaje. Me mueve, por cierto, la vida misma y sus vaivenes.
Una joven un día se dió cuenta que las únicas veces que daba paseos por la playa, sola, a veces con un libro de versos, a veces sólo mirando el horizonte, era cuando estaba "bajoneada". Y nunca había visto nubes o atardeceres más hermosos que los de esos días -de hecho, no los veía cuando estaba "bien". Creo que aprendió a contemplar sin esperar los bajones; acaso si lo hizo se empezó a bajonear menos. Acaso eran recreos para su alma.
Un poema (la letra de una canción, también) para terminar.

LA PENA VUELA

Tuve una pena buena
y aún los labios de ella vuelan
en el contorno de los sueños que aún me quedan
como lo pájaros de un cielo en acuarela.
Vuelan
y en la ventana el brazo apoya la cabeza,
en el tejado un gato juega con estrellas
que el alma pinta con sus dedos de princesa.

Y cuando brilla el sol
la pena tiene un resplandor
y es como del color
de alguna calle que llovió.

Pena,
se encoge de hombros mi camisa entre las perchas
cuando la miro para verme en el camino.
Quizás aún la lleve puesta...

Y cuando brilla el sol
la pena tiene un resplandor
y es como del color
de alguna calle que llovió.

Igual vale.
(El poema es de Manuel García. la canción, de García-Villalobos, la dupla compositora de "Mecánica Popular")

Para escuchar!